El gimnasio aparte de ayudarnos con el físico, también fortalece la salud, y por supuesto es un método genial para botar estrés, pero cuando pasas en él miles de horas, se puede convertir en un trastorno.
La vigorexia, muchos piensan que es más común en los hombres, pero no es así, las mujeres también pasan por esto.
Es una enfermedad psicológica, en la cual la persona ve, de forma distorsionada su propia imagen. La valoración del cuerpo propio, pierde la objetividad. Aparece la idea de que el cuerpo es débil, falto de belleza y de tonicidad muscular.
Esto despierta una obsesión por mejorar la musculatura. Obligándose a cumplir con rutinas de entrenamiento extremadamente estrictas, dietas alimenticias no balanceadas, y consumo de sustancias químicas.
La eliminación de alimentos especialmente importantes en la dieta de las mujeres, como los azúcares, las vitaminas, el calcio y los minerales, y por otra parte, el exceso de consumo de proteínas, conduce a enfermedades secundarias: diabetes, hipertensión, niveles de colesterol altos, trastornos hormonales, dificultad para quedar embarazada, entre otras.
Cuando las mujeres deciden entrar a este juego, dan un giro total a su calidad de vida, por lo que dejan de hacer ciertas actividades que antes eran comunes, como ir a comer a un restaurante por ejemplo.
Es tanto el desagrado que tiene del reflejo de su imagen, que la única escapatoria que ven en ese momento es moldear esas partes del cuerpo, por lo que ejercitarse se vuelve una obsesión.
Es tanto el afán por la belleza que nublan su vista y no son consientes de que todo en exceso es malo.
Consecuencias:
*Problemas orgánicos y lesiones.
*Desproporción entre las distintas partes del cuerpo.
*Por el exceso de peso se pueden dañar los huesos, tendones, músculos y articulaciones.
*Alimentación desequilibrada, por el exceso de hidratos de carbonos, proteínas y falta de grasa.
*Puede producir acné, problemas cardíacos, retención de líquidos. También se modifica el ciclo menstrual.
Es bueno preocuparse por verte bella, pero recuerda que para todo hay límites, y cuando la salud se pone en juego es momento de entrar en la realidad, y querernos un poco más.
No seas esclava del ejercicio, disfruta la vida, para todo hay tiempo, no tienes que estar siempre metida en el gimnasio pensando en tú imagen, eso con el tiempo se va, lo que queda es el valor como persona.

