Existe consenso de la inconveniencia de usar chupeta durante los primeros 15 días de vida del recién nacido, debido a que se ha demostrado su interferencia en el proceso de lactancia materna.
Además, durante el establecimiento de la lactancia materna la chupeta, también puede interferir en la producción de leche, ya que el recién nacido satisface parte de sus necesidades de succión con métodos no nutritivos, estimulando durante menos tiempo el pezón materno.
Esto, según indican los especialistas, disminuye el número de tomas y la producción de prolactina, hormona responsable de la lactancia.
La succión no nutritiva constituye una actividad normal en el desarrollo fetal y neonatal. Este reflejo primario de succión se inicia en el útero y persiste aproximadamente hasta el primer año, siendo mucho más intenso durante los primeros meses de vida. Al recién nacido le permite alimentarse y sobrevivir, y junto con eso lo calma y reconforta.
Aunque se sabe que el uso de la chupeta disminuye con la edad se debe promover su abandono alrededor de los 2 y 2 años y medio del niño, ya que a esta edad la succión de la chupeta no es nutritiva. Además, a partir de esta edad su uso puede atentar contra el desarrollo dentario.
Más problema eso sí tienen los bebés acostumbrados a succionar su propio pulgar. Sobre las ventajas e inconvenientes del uno sobre el otro se ha discutido ampliamente.
Si bien en un principio se consideró que la succión del pulgar se asociaba a mayor número de deformidades dentarias, en la actualidad algunos odontopediatras opinan que éstas se observan con igual frecuencia en los niños que usan chupetas.
El pulgar, a diferencia de la chupeta, no se pierde durante la noche ni se cae continuamente al suelo convirtiéndose en objeto contaminado. Además, como el dedo es regulado por el niño, éste decide cuándo desea succionar y aprende de esta manera a auto-tranquilizarse. Pero según los pediatras y neonatólogos, lo que parece una ventaja se transforma en un inconveniente, ya que presenta mayor dificultad en el abandono del hábito y los padres no pueden tener una intervención activa como la de retirar la chupeta cuando lo crean necesario.
Para que la chupeta sea segura debe cumplir con ciertas características, tales como estar hecha de material plástico, poseer bordes redondeados y tener un anillo o tirador que permita su extracción desde la boca.
Una recomendación es nunca colocar la chupeta al niño, sujeto con una cuerda o collar alrededor del cuello, por el evidente riesgo de estrangulamiento.

