Podríamos apostar que muchas sufren de este “mal”, pregúntate esto ¿Cuántas veces me miro al espejo durante el día?
Buscas el espejo del cuarto, del baño, de los retrovisores del carro, las ventanas, las vitrinas, en fin, cualquier cosa que muestre tu reflejo, la captotrofilia consiste en la obsesión de mirarse constantemente en el espejo en búsqueda de algún defecto o para confirmar que todo “esté en orden”.
Normalmente quienes padecen esta condición no se ven completas, sino que se detienen en partes específicas del cuerpo, dependiendo del día o de la zona que más les genere preocupación.
“Espejito, espejito, ¿quién es la más bonita?”, en principio no existe ningún problema en mirarse de vez en cuando al espejo para comprobar el peinado, el maquillaje o cómo nos queda la ropa, aunque esta simple acción puede llegar a convertirse en una enfermedad psiquiátrica.
Un estudio del Reino Unido afirmó que podemos llegar a mirarnos al espejo hasta 72 veces al día.
Esta enfermedad se da debido a un síndrome de inseguridad, baja autoestima u otras patologías de la personalidad.
El comportamiento puede ser migratorio, es decir, un día la atención se centra en los abdominales y otro en la nariz, o también una zona en particular del cuerpo es el motivo de la obsesión, a tal punto de que la cirugía estética se convierte en un peligroso aliado, puesto que una vez hecho el primer retoque se querrán aumentar las visitas al cirujano deseando la perfección.
Los vulnerables a esta adicción no son sólo las mujeres sino además los hombres, cosa poco extraña en la actualidad, donde la metrosexualidad se ha convertido en parte de la cotidianidad masculina.
Lo aconsejable ante esta situación es acudir a un especialista en salud mental antes que a un cirujano plástico. Con terapia, la adicción se supera y el espejo dejará de ser tan importante.

