La cultura no tiene sexo, aún así durante muchos años ha sido patrimonio casi exclusivo del género masculino. Sin embargo, hoy las mujeres compran más libros, revistas o van más al teatro.
Hoy, vender libros ya no es un patrimonio exclusivo de los hombres, al contrario, la mujer es un negocio editorial, porque las mujeres compran más y compran libros escritos por mujeres.
Ahora lo femenino está inmerso en un proceso de reconfiguración donde los elementos organizadores de la cultura se encuentran construidos en torno a una cultura de lo masculino, se enfrentan a nuevos procesos de organización social en los cuales la mujer desempeña una posición política y cultural más fuerte.
Antes del siglo XX, el hecho de que muy pocas mujeres fueran pensadoras o artistas no tiene mayor misterio: no tenían la educación necesaria.
Pero ya son varias las generaciones nacidas, o al menos, formadas, en democracia; hay más licenciadas universitarias que licenciados, y sin embargo, ni siquiera en los campos más feminizados, como la literatura, con décadas de mayoría femenina entre estudiantes y lectores, nos acercamos, ni de lejos, a un igual protagonismo.
Si hablamos de lectura, la diferencia entre hombres y mujeres apenas existe. La diferencia la estableceríamos entre clases de lectura, la mujer lee más periódicos de interés general que los hombres, sin embargo, el género literario preferido por la mujer es la novela, que se compra de forma mayoritaria.
Un ejemplo claro es de una mujer de cultura es Gioconda Belli, poeta y novelista nicaragüense, quien goza de amplio reconocimiento internacional, aquí le dejamos una de sus obras, Como pesa el amor.
Noche cerrada
ciega en el tiempo
verde como luna
apenas clara entre las luciérnagas.
Sigo la huella de mis pasos,
el doloroso retorno a la sonrisa,
me invento en la cumbre adivinada
entre árboles retorcidos.
Sé que algún día
se alzarán de nuevo
las yemas recién nacidas
de mi rojo corazón,
entonces, quizás,
oirás mi voz enceguecedora
como el canto de las sirenas;
te darás cuenta
de la soledad;
juntarás mi arcilla,
el lodo que te ofrecí,
entonces tal vez sabrás
cómo pesa el amor
endurecido.

