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marzo 22nd, 2026

¿Amor eterno?

Muchas y muchos consideran que no existe el amor eterno, si bien es cierto que a veces nos hace sufrir, en otras nos hace vivir las mejores alegrías.

¿Qué es el amor eterno? Es complicado, muchas veces lo podemos observar en parejas de “viejitos”, donde vemos un cariño y una pasión envidiable.

Cuando se encuentra a esa persona, donde pensamos que el amor será duradero, ese pensamiento se puede convertir en realidad, eso sí, hay que cuidar la relación y alimentarla día a día.

El amor es una llama que se aviva en cada momento de cariño y de pasión, y que, de la misma manera en que se convierte en un fuego vibrante, puede llegar a apagarse si no se aviva. El amor eterno existe, pero solo hay que encontrarlo. Algunas personas tienen la suerte de hallarlo muy jóvenes, otras siendo más maduros; y muy pocas, lamentablemente, nunca lo encuentran. Solo hay que tener paciencia y creer en el destino: Él o ella llegará de un momento a otro.

“Y vivieron felices para siempre”, ¿existe esa frase? Uno de las motivaciones de las personas es buscar el amor en la vida, el que es eterno, y que a pesar de cualquier obstáculo siempre se mantendrá.

Se dice que el amor eterno NO existe, pero unos neuroquímicos te cambian ese pensamiento, el grupo de la Universidad de Stony Brook, Nueva York, lograron encontrar evidencia de que SÍ, el amor eterno es posible.

Los científicos midieron las reacciones cerebrales de un grupo de voluntarios quienes acababan de involucrarse en relaciones amorosas apasionadas. Descubrieron que cuando se ve la foto del enamorado o enamorada, reacciona el área ventral tegmental del mesencéfalo.

Es una zona del cerebro que se dedica a procesar la dopamina, una hormona y neurotransmisor, y suele asociarse con el “percibir” la comida y alcohol y es responsable de motivar deseos.

En caso de ver el sometido a prueba la foto de una persona ajena, aunque sea muy parecida físicamente a su pareja, esta zona del cerebro se mantenía sin cambios.

El equipamiento FIRM (imagen funcional por resonancia magnética) tampoco registró reacciones en caso de observar el voluntario la imagen de un antiguo amigo o amiga suya con quien no mantuviera relaciones amorosas.

Luego los neuroquímicos pasaron a examinar a personas casadas durante muchos años y que afirmaban conservar sus sentimientos románticos.

A esta prueba se sometieron 10 mujeres y 7 hombres cuyos matrimonios se extendían 21.4 años en promedio.

Las reacciones de su cerebro fueron medidas de la misma manera y aplicadas luego a una escala de 7 puntos para analizar la intensidad del amor que los voluntarios sentían por sus parejas.

El resultado mínimo a la hora de ver el voluntario la foto de su pareja fue de cinco puntos.

Las reacciones en este grupo de participantes del experimento fueron registrados, igual que en caso de sus colegas sin experiencia matrimonial, en las zonas del cerebro responsables de procesar la dopamina: el área ventral tegmental y el cuerpo estriado.

Los autores del estudio esperan que su trabajo sea una etapa inicial para entender los mecanismos biológicos que están detrás de las relaciones duraderas y el amor eterno.

Ahora veamos todo lo contrario, un científico español demostró matemáticamente cómo se termina en las relaciones

José Manuel Rey, profesor del Departamento de Análisis Económico de la Universidad Complutense de Madrid, elaboró un modelo basado en la segunda ley de la termodinámica y unas ecuaciones de control del ámbito de la ingeniería para explicar qué les pasa a las parejas.

Los estudiosos y terapeutas están de acuerdo en la existencia de una especie de la segunda ley de la termodinámica de las relaciones sentimentales. El esfuerzo es necesario para mantener la relación, pues el amor no es suficiente, asegura Rey en su artículo publicado en la revista PLos One.

Según sus resultados, mantener el amor a largo plazo “es algo muy costoso y, con excepciones, casi imposible”.

“En el mundo de la física, un recipiente que está caliente tiende a enfriarse de manera espontánea si nadie lo mantiene con calor; con las relaciones pasa lo mismo, hay que cuidarlas”, explica el investigador.

Más allá de la etapa de enamoramiento donde los neurotransmisores generan una química del amor Rey centró su estudio en matrimonios que decidieron compartir su vida hasta que la muerte los separe aplicando la teoría del control óptimo, para conocer cómo debe ser el esfuerzo para mantener la relación.

Lo primero que se descubre es el patrón de cada pareja, es decir, como llevan su vida cotidiana en pareja. Si se acompañan, si se dedican tiempo, si se escuchan, si se apapachan.

Después se analiza que tan dispuesto se está para esforzarse por mantener la relación. “Esto es perverso, porque sea lo que sea, siempre será insuficiente”, asegura Rey. Por último, la propia dinámica de las cosas dice que “cuando uno se esfuerza menos, hay una inercia a la dejadez”.

Sí existe o no el amor eterno, eso nadie lo puede decir hasta que lo viva en carne propia, obvio malas experiencias con el amor siempre las habrá, eso no es base para fundamentar que no existe.

Pero a nosotras nos hace pensar que sí, todo está en saberlo llevar.


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