En la mayoría de los casos, la primera percepción que tiene una mujer de la posibilidad de estar embarazada es una ligera modificación en sus senos, ya sea una sensibilidad especial, una leve hinchazón o un pequeño dolor.
Es lo más natural que así sea. La función de los senos es amamantar a un recién nacido y desde los primeros instantes de la gestación se preparan para esa función. Podemos decir que el seno de la mujer no está plenamente maduro hasta que no ha sufrido las transformaciones necesarias para la lactancia.
La piel de los senos requiere de tu especial atención, no los descuides.
Lo primero es el tipo de sostén que utilices, debes saber que lo senos no tienen músculos, están sostenidos por los de la pared torácica. Unos senos sin sostén o con uno inadecuado, son más susceptibles a sufrir estrías o caerse.
El volumen del seno que va en aumento conforme transcurre el embarazo, es otro punto a considerar. Esto se debe a la estimulación hormonal de las glándulas encargadas de la producción de leche. Por lo tanto, será oportuno ir cambiando de talla conforme notes que lo vas necesitando.
En cuanto a la limpieza e higiene, lo ideal es lavarlos con agua fría, para posteriormente aplicar alguna crema rica en vitaminas A y D dando suaves masajes circulares, prestando atención a los pezones.
Durante la lactancia, es esencial dejar de aplicar crema alguna en los senos. Una vez que finalice esta etapa, podrás nuevamente reiniciar con el cuidado anterior.
¡Y recuerda! La piel de los senos es muy delicada, para conservarla en un estado perfecto es conveniente cuidarla, mantenerla hidratada y bien nutrida.
Te dejamos una receta, crema nutritiva de sésamo y miel. Necesitas:
20 cucharadas de aceite de sésamo
3 cucharaditas de crema no concentrada
1 yema de huevo
1 cucharadita de sal marina
1 cucharadita de lecitina
4 cucharadas de vinagre de manzana
1 cucharadita de miel ligera
Aceite esencial perfumado.
Mezcla la quinta parte del aceite de sésamo, la crema, la yema de huevo y la sal marina. Añada cuatro cucharadas más de aceite y la lecitina y siga revolviendo. Agrega el vinagre de manzana, la miel, el aceite restante y unas gotas de aceite perfumado. Sigue dando vueltas a la crema resultante un par de minutos más. Enváselo y consérvalo en la refrigeradora.

