Por lo general, el divorcio, es causa de dolor y despierta esa sensación de pérdida y fracaso, y no solo afecta a la pareja, sino a sus descendientes.
La decisión de separarse, ya sea en común o contra la presión de uno de los cónyuges que pretende que el matrimonio continúe, es mucho más difícil si existen niños de por medio, por esto mismo, en numerosas ocasiones el cónyuge que no quiere que su matrimonio termine, intenta persuadir a la otra parte de que permanezca aunque sólo sea por el bien de los niños.
En realidad, existe muy poca información de cómo el divorcio afecta a los hijos, y el consejo por parte de los profesionales que trabajan con hijos de matrimonios deshechos varía enormemente; pero lo que está claro es que lo más importante es que los padres intenten resolver qué es lo mejor para sus hijos.
Dado el elevado número de separaciones entre parejas que se producen, son muchos los niños afectados por esta situación.
La situación de la separación de los padres ha dejado de ser excepcional para pasar a ser bastante habitual. Además del “shock” emocional que supone para los padres una ruptura sentimental, éstos cargan además con el miedo de cómo toda esa situación repercutirá a sus hijos.
Es a partir de los 4 o 5 años cuando los niños son conscientes de que sus padres tienen problemas y cuando sufren el divorcio.
Las consecuencias que se dan en los hijos (as), están directamente relacionadas con las desavenencias familiares previas y asociadas a la separación, con el papel que hacen jugar al niño o niña en la separación más que con la propia separación. Con la edad y madurez del propio niño. Es importante, permitir a los niños manifestar sus sentimientos de rabia y frustración, acogerlos y no juzgarlos.
En ciertas ocasiones es necesaria la ayuda profesional, y nunca, bajo ningún concepto, los hijos deben sentirse responsables de la ruptura.
Entre los problemas vinculados al divorcio, preocupa en particular la cuestión de los hijos, que son las primeras víctimas de las decisiones de sus padres.
Es verdad que se difunde ampliamente la idea de que la separación o el divorcio, son la solución natural a las crisis matrimoniales, y algunos dicen que, en fin de cuentas, no es tan mala para los hijos.
Por ahí afirman que es mejor un buen divorcio, que un mal matrimonio. Se dice que los hijos sufren menos en caso de separación neta que en un clima de enfrentamiento entre los padres.
Por el contrario, muchos observadores, en los numerosos estudios que se han dedicado a este tema, subrayan que el divorcio desestabiliza a todos los miembros de la familia, altera en profundidad las relaciones entre los padres y el niño durante los años decisivos en los que se forma su personalidad, y le hace perder las referencias simbólicas que ofrece el ambiente familiar.
El niño debe volver a ubicarse en nuevas relaciones familiares, y eso causa desconcierto e incluso sufrimientos.
Para el hijo, el divorcio de los padres será el acontecimiento más importante y doloroso de los años de su crecimiento, el acontecimiento que lo afecta más profundamente. Las consecuencias del divorcio sobre el niño son profundas, numerosas y duraderas. Algunas solo se manifestarán a largo plazo.
En los meses que siguen al divorcio la mayoría de los niños experimenta problemas, especialmente desórdenes externos como conducta antisocial, agresiva, desobediencia, falta de autorregulación, baja responsabilidad social y logros, y en menor medida, ansiedad, depresión y problemas en las relaciones sociales (problemas con el padre, la madre, los hermanos, etc.)
Aunque los hijos de divorciados presentan más problemas de conducta que los hijos de familias intactas, la diferencia es moderada. El funcionamiento psicológico en la mayoría de los niños y de los padres mejora con el paso del tiempo, conforme la familia se va adaptando al divorcio, sin embargo el nivel de adaptación emocional sigue siendo más bajo que el de hijos de familias intactas.
Las hijas de padres divorciados presentan menores problemas de conducta externos que los varones, sin embargo las mujeres en edad adulta tienen mayor dificultad para relacionarse que los hombres.
Al comienzo de la adolescencia pueden persistir algunos de los problemas presentes en la infancia y en algunos niños que parecían haberse adaptado bien al divorcio de sus padres puede significar el surgimiento de algunos problemas. Los problemas comunes de la adolescencia son, autorregulación, autonomía, logros académicos, establecimiento de relaciones, pueden exacerbar las dificultades de adaptación de los hijos de divorciados.
Estos tienen de dos a tres veces más probabilidades de abandonar los estudios, convertirse en padres adolescentes, relacionarse con otros adolescentes con conflictos, implicarse en conductas antisociales y delictivas, presentar problemas serios de conducta o, de recibir tratamiento médico.
Concretamente, los hijos de divorciados tienen una mayor probabilidad de convertirse en padres adolescentes, de iniciar relaciones extramaritales y de tener hijos fuera del matrimonio y que ellos también se divorcien.
Los hijos de divorciados tienen mayor probabilidad que tengan dificultades con sus relaciones amorosas por carecer de modelos con éxito en sus relaciones de pareja que les puedan servir de guía.
Estos jóvenes pueden temer al compromiso, a las relaciones de intimidad, miedo al posible fracaso matrimonial, y la expectativa de un hogar mono parental.
El divorcio de los padres liberaliza las actitudes de los hijos con respecto a ese tema, debilitándose una barrera psicológica contra la ruptura del matrimonio.
El padre y la madre son el modelo de comportamiento más importante para sus hijos, por lo tanto una buena relación con la ex pareja, puede reducir los efectos negativos del divorcio en los niños y las niñas.
Vamos a poner un caso de un niño pequeño, ¿Cuál debe ser el comportamiento?
Recuerda que los niños en esta edad comprenden las cosas de manera muy concreta. Así que hemos de explicarles de forma simple lo que significa divorciarse.
De ser posible, es mejor que sean los dos padres juntos quien le digan a los hijos acerca de su decisión de divorciarse o separarse.
Los niños a esta edad, filtran toda la información a través de su experiencia y tienen tendencia a creer que el divorcio es el resultado de algo que ellos han hecho.
En esta edad será muy común que los niños expresen fantasías de que mamá y papá vuelven a estar juntos. Pueden hablar constantemente del padre ausente regresando a casa y jugar con muñecos e interpretar una reconciliación. Déjale que exprese sus ideas y fantasías pero también háblale de la realidad, que papá y mamá no van a vivir juntos, que uno de ellos tiene una nueva casa, etc.
En un momento de tanto cambio, es importante que intentes mantener el máximo de rutinas posibles.
Las rutinas le ayudarán a sentirse seguro y en control. Déjale tomar pequeñas decisiones en su rutina diaria para sentirse que tiene control en su entorno.
Explícale que aunque mamá y papá ya no viven juntos, todavía tiene una familia que le quiere mucho. Recuérdale que ni tú ni tu pareja dejarán de quererlo nunca.
En resumen, ambos padres pueden y deben ayudar a su hijo, a atravesar este difícil período:
*Mantener los conflictos, riñas y discusiones acaloradas, así como los comentarios sobre los aspectos legales del divorcio al margen de los hijos.
*Reducir al mínimo la alteración de las rutinas cotidianas del niño.
*Restringir la negatividad contra el otro, así como el resentimiento y la tendencia a echarle la culpa, a las sesiones de terapia y las conversaciones con amigos que se mantengan fuera de casa.
*Asegurarse de que ambos padres siguen implicados en la vida del niño.

