Son muchas las diferencias que nos separan y acercan al sexo masculino, todas ellas se hallan en la materia gris: Tu cerebro.
Comunicación, empatía, sensibilidad, gustos, aptitudes, sexo, y muchas características habitan en el cerebro.
Los cerebros femeninos y masculinos son sistemas compatibles y afines, pero realizan y cumplen los mismos objetivos utilizando circuitos distintos.
Suele suceder que los hombres no entienden tu comportamiento, ni nosotras comprendemos qué les pasa por la cabeza a ellos.
Es algo normal, muchos de nuestros comportamientos y sentimientos vienen determinados por nuestra biología y estructura cerebral.
Hombres y mujeres tienen procesos neuronales y hormonales distintos que se transforman en esta guerra de sexos que, para qué engañarnos, es la “salsa” de la vida.
“El cerebro femenino es más eficiente estructuralmente”, señaló Miguel Burgaleta, un investigador del Centro de Cognición y Cerebro de la Universidad Pompeu Fabra.
Según el estudio del investigador mencionado, aunque el cerebro de los hombres es de media un 10% más grande, éstas presentan “una mayor distribución de los recursos”.
El estudio concluye que, pese a no haber distinción entre hombres y mujeres respecto a la inteligencia general, sí existen diferencias específicas en determinadas habilidades.
Las mujeres tienen mayor capacidad verbal. Los hombres tienen una mayor visión espacial.
Biológicamente hablando, el cerebro femenino es hemisféricamente más equilibrado, mientras que los hombres tienen más desarrollado el hemisferio derecho.
¿Y esto qué significa? El resultado es que el hombre puntúa más alto en capacidad espacial, en memorización y detección de formas, en geometría, en el aprendizaje de laberintos, en la lectura de mapas, en apuntar y seguir objetos, en lanzamiento a una diana, en conocimientos geográficos, por ejemplo.
Y la mujer en fluidez verbal, en tareas motoras finas, en la localización de objetos entre una serie de ellos, en cálculo, en sensibilidad, en la percepción de niveles bajos de estimulación de gusto, olfato, audición y tacto, en reconocimiento de caras familiares, entre otros.
Además, el cerebro femenino está profundamente afectado por las hormonas. Su presencia se siente en cualquier etapa de la vida con unas características propias muy marcadas.
A causa de estas fluctuaciones, la realidad neurológica de una mujer no es tan constante como la de un hombre. Sino que es cambiante y difícil de predecir.

