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CULTURA:
Huellas de Mujeres
Paulina Bonaparte
Paulina es la segunda
hermana de Napoleón Bonaparte. Fue princesa de Borguese, duquesa de Guastalla.
En 1793 huye con su
familia de la invasión inglesa y se establece en Marsella. En 1797 pasa a vivir
a París. Paulina era renombrada por su gran belleza y gracia, y además por su
firmeza de carácter, el cual recordaba el de su hermano.
Es así como gracias a
esto y a ser la hermana de Napoleón obtuvo muchos éxitos en su vida.
Cuando vivía en Marsella,
Fréron le propuso matrimonio a quien rechazó por consejo de su hermano. Luego,
se comprometió con el General Duphot, pero éste muere asesinado al poco tiempo
en Roma, en 1797.
Ya en París, se casó con
el general Leclerec con el consentimiento de Napoleón y mediante José, quien
desempañaba el papel de primogénito. Con su marido, se fue a residir a Santo
Domingo en 1802, donde él se enferma de unas fiebres y al poco tiempo se muere.
La viuda partió para
Francia de nuevo, donde contrae segundas nupcias, en agosto de 1803, con Camilo
Borguese, quien pertenecía a una de las más renombradas e ilustres familias de
Roma.
Tres años después,
Napoleón le otorgó a su cuñado el título de Príncipe y el ducado de
Guastalla a Paulina, así ella llega a ser princesa y duquesa. Sin embargo, hubo
una rápida separación del matrimonio, y ella vivió un tiempo en Roma, en
París y en Neuilly. En este último lugar, se liberó totalmente y se la
conoció por sus múltiples amoríos y por su gran afición al lujo, las artes y
las letras.
En 1810, ofendió de
alguna manera a la emperatriz, y Napoleón la alejó de París. No obstante,
además de su madre fue de las pocas personas que nunca abandonaron a Napoleón,
ni siquiera en los peores momentos. Cuando fue desterrado a la isla de Elba,
ella se instaló lo más cerca que pudo.
Aunque no pudo unírsele
durante los Cien Días, Paulina envió todas sus joyas a su hermano para que se
pudiera financiar la guerra. Además, solicitó permiso para trasladarse a Santa
Elena, el cual le negaron.
Ante la situación
desesperada en que se encontraba se reconcilió con su marido, y se retiró a
Florencia, donde se le conoció por su generosidad y amabilidad. Ahí
permaneció hasta el fin de sus días.
El pintor Canova
inmortalizó su belleza en la célebre Venus Victoriosa.
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