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CULTURA: Huellas
de Mujeres
María, la Virgen
Su nombre en hebreo es
Myriam y es conocida en todo el mundo y en especial por la población cristiana
como la madre de Cristo o madre de Dios.
Los Evangelios (libros de
la Biblia) son muy escuetos en cuanto a la historia personal de María, por lo
que hay que recurrir a textos como los Hechos de los Apóstoles y a las
Epístolas.
María es hija de Ana y de Joaquín. Vivió su infancia en Nazaret, una pequeña aldea de Galilea. Se casó
con José, carpintero de
Galilea, y hombre bastante mayor que ella. Según el
dogma de fe, José debía ser el custodio de su virginidad hasta que ella
concibiera mediante el Espíritu Santo.
Según cuentan las Sagradas
Escrituras, un 25 de marzo, María fue visitada por el Ángel Gabriel
quien le anunció que sería la Madre del Mesías. María humildemente se
sometió a la divina voluntad y al misterio de la Encarnación.
Además, el ángel le
informó que su prima Isabel estaba en cinta, por lo que María va a visitarla,
ya que Isabel ya era mayor. Cuando se encuentran, Isabel la declaró Bendita
entre todas las mujeres y María alabó a Dios con el
Magnificat. Esto ocurrió
un 2 de julio.
Por la época, se decide
hacer un censo, para el cual María y José deben viajar a
Belén, donde un 25
de diciembre, María tuvo a su bebé. Cuando lo presentan en el templo, a la
usanza de los judíos, el anciano Simeón reconoció en el niño al Mesías,
pero profetizó que el corazón de su madre sería traspasado por una espada.
Esto es el primero de los siete dolores.
Todas las profecías con
respecto a Jesús llegan a oídos del Rey
Herodes, por lo que María y José se
ven obligados a huir a Egipto. Esto es el segundo dolor. Luego, cuando Jesús
tenía doce años, se perdió, y María lo buscó por todo el templo -el tercer
dolor- donde lo encontró discutiendo con los ancianos sabios.

El siguiente episodio es
cuando se sucede el primer milagro de Jesús, en las Bodas de
Canaán, donde se
acaba el vino. Al ver esto, María le pide a su hijo que ayude a los recién
casados, y entonces Jesús convirtió el agua en vino.
Después de esto, María
acompañó a su hijo en la predicación pero en un muy segundo plano. Presenció
la Pasión, y sufrió los cuatro dolores de ver a su Hijo cargar la Cruz, su Crucifixión, el descendimiento de la Cruz, y el traslado del cuerpo al Santo Sepulcro. Aparentemente, en este momento ya era viuda, por lo que Jesús le
encarga a Juan, su discípulo favorito,que cuide de su madre.
Los primeros cristianos no
incluyeron a su culto a María, pues se temía que fuera una confusión con las
diosas paganas. No es sino hasta el siglo IV, que se le incluye como mediadora
entre los hombres y su Hijo.
Hay varios milagros y
apariciones que se le atribuyen a la Virgen, entre los más recientes podemos
citar la de Catalina Labouré, en la calle del Blanc (1830), las de dos
pastorcillos en la Salette (1846), las de Bernadette
Soubirous, en Lourdes
(1858), las de los niños de Pontmain (1871) y las de
una multitud de Fátima,
Portugal (1917). Vemos una mayor presencia en
Francia, que tal vez se deba a que
fue colocado bajo la advocación de la Virgen, en 1637, por deseo de Luis XIII.
La milagrosa concepción
de Jesús, que hace a María, la Virgen
Madre, fue aceptada antes y más
ampliamente que su propia Inmaculada Concepción, dogma proclamado por la
Iglesia Católica en 1854, y que el acto de fe de la Asunción, expuesto por
Pío XII en 1950, donde se oficializa una creencia ya antigua de que María
ascendió en cuerpo y alma al cielo y fue eximida de la corrupción de la carne
que ocasiona la muerte, mediante la Resurrección.
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