Miembro Menor
La infidelidad es como un sueño delirante en el que se entrelazan unas vidas jugando sin saber cual será el final.
En la infidelidad el hombre como género se vuelve más animal que en ningún otro estado, más alerta que en ninguna otra circunstancia, más valiente y más osado como si mantener su espacio fuese causa de vida o muerte.
La infidelidad es un baile de conquista de terrenos deseados, a veces rodeados de caminos áridos, de plantas espinosas, de soles incandescentes que nos hacen sudar la piel de miedo y de placer.
En la infidelidad todos los silencios se interpretan, todas las miradas hablan. La infidelidad es una ventana de escape, desde donde todos los involucrados miramos la libertad que nos podría proveer la traición descubierta, porque el hombre es así, siempre quiere estar donde no está y pertenecer a quien no debe pertenecer y tocar lo que tiene prohibido tocar.
La infidelidad es la puerta falsa del ser y no ser. No es el valor de volar sino la expresión pasiva de la propia ansia de volar, es la cobardía de la impertenencia. Porque se vive primero en la mente la huida y luego nos atrapamos en otro cuerpo en la pesadilla del silencio, del amor que se grita con los labios cerrados y eso al final es otra forma de esclavitud porque no tomar y tomar a medias es solo la forma de manifestar lo aprendido, aprender a ceder, a posponer, a olvidar, a amar con una pasión desenfrenada en la sombra y vivir en la indiferencia completa a la luz del sol.
La infidelidad es un juego destructivo que nos alcanza en la venganza de un amor imposible que al vivirse empieza a morir…
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